“Me gozo en las obras de tus manos”

Salmo 91, 5.

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martes, 5 de abril de 2011

MUJER DE HOY


Hubo tiempos de goces y de fiestas.


Nuestros sueños, cual nobles madreselvas


florecían de gloria en las albercas.


Hubo tiempos de goces y de fiestas.


Cuando apenas bastaban unos niños


y un esposo, y un fuego, y unas cestas.


Se escandían sutiles variaciones


tras las núbiles rejas.


Como alondras jugaban las labores


en las fúlgidas siestas.


Y en los patios crecían los helechos


cuidados por sus dueñas.


Hubo tiempos de goces y de fiestas.



Hoy nos dicen que hollemos los hogares


escanciando la ausencia.


Nos hablan de lo inútil que fue todo


en tiempos de la abuela.


Pregonan oficinas y talleres


razón e independencia.



Y sin embargo


hubo tiempos de goces y de fiestas.


Hoy caminas tediosa por tu casa


que se te hace una celda


y eres un raro huésped que suspira


por fábulas secretas.



A ti te hablo, mujer de mi ribera.


Recuerda que el misterio está en las llamas


que arden cuando regresas.


Cuando arrullan los tordos


y cantan las sirenas.



No escuches más los salmos


de esa música ciega


que te arrastra muy lejos de tu nido


y te miente en la oferta.



Hay un hueco en tus brazos insepultos


donde orillan las venas.


Llénalo con un niño sonrosado


de piel caliente y lágrimas de seda.



Porque en un tiempo, esto era una fiesta.



Crecerán lentamente en tu piel las adelfas


y los ángeles buenos te hilarán acederas.



Ángeles santos, ángeles de la acequia:


por la mujer de hoy alcen un ruego


y ténganla despierta.




Amelia Urrutibeheity




miércoles, 23 de febrero de 2011

FRANZ SCHUBERT


Has tocado mis días como lieder
que no pueden decirse con palabras.
Porque sólo a los ángeles compete
la sublime bondad de tus baladas.

A la sombra de pálidos saúcos
termina el molinero su jornada
y el agua venturosa del arroyo
una canción de cuna fresca lava.

Nadie supo jamás de mi tristeza
como las variaciones de tus ramas.
Nadie supo jamás de mi alegría
como la trucha que el torrente gana.

Y en las níveas mañanas de tormenta
¿quién como tú relámpagos desgrana?
¿Quién de amor las cenizas vagarosas
revive con dulcísima oriflama?

Cuando al borde del mar llegue benigna
con mis lieder de otoño amarillados
y la docilidad del que se signa
para cruzar el misterioso lago

te pediré Franz Schubert que me guíes
al cielo que entrevieron tus dos manos.
Porque Dios pone brújulas celestes
y escribe su belleza en muchos lados.



Amelia Urrutibeheity

LA CATEDRAL


Nos cobija a los hijos como un nido
cuando el sol ya se pone en la morada.
Es un nido de piedra en la enramada
del gótico ancestral y descendido.

La luz de los vitrales entretiene
con juegos de esmeraldas y diamante
y el brazo servicial del arbotante
como el brazo del buen Dios la sostiene.

Cuánta feria de luz en su recinto
cuántos reflejos, cuánto broquelado
qué angelería de tallado cinto.

El alma de Rodin me ha conmovido
y en el nido de fe me he resguardado
como se guarda el pájaro aterido.


Amelia Urrutibeheity