“Me gozo en las obras de tus manos”

Salmo 91, 5.

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martes, 15 de julio de 2014

Rezar en el bosque





“Sin embargo, casi todos los días, visitase o no las familias del lugar, hacía por la tarde una pequeña excursión por la campiña. Se aprovechaba también de ella para orar, ya levantando el corazón a Dios, ya con el rezo del breviario. Procuraba siempre decir alguna palabra a los que trabajaban en los campos, y con el rosario en la mano, metíase en los tortuosos senderos que cruzaban por entre las espesuras de tilos. Su alma mística estaba hambrienta de soledad y de paz. En medio de aquella encantadora naturaleza, su pecho, acostumbrado a los puros efluvios de las brisas, se dilataba a su gusto. ¡Ah! Hacía bien en disfrutar; se acercaba el tiempo en que no tendría ni una hora de reposo, y viviría como entre paredes, sin la frescura del aire ni el calor del sol. Su mayor satisfacción, se ha dicho de este nuevo Francisco de Asís, era rezar en el bosque. Solo allí con su Dios, contemplaba sus grandezas y se servía de todo, aun del canto de las aves, para elevarse hasta El”.

“El Cura de Ars”, por Francis Trochu.


lunes, 8 de febrero de 2010

LA ORACION


La oración es para nuestra alma lo que la lluvia para el campo. Abonad un campo cuanto os plazca; si falta la lluvia, de nada os servirá cuanto hayáis hecho. Así también, practicad cuantas buenas obras os parezcan bien; si no oráis debidamente y con frecuencia, nunca alcanzaréis vuestra salvación; pues la oración abre los ojos del alma, hácele sentir la magnitud de su miseria, la necesidad de recurrir a Dios y de temer su propia debilidad. El cristiano confía solamente en Dios, nada espera de sí mismo. Sí, por la oración es como perseveraron los justos.

Santo Cura de Ars

miércoles, 30 de diciembre de 2009

El que solo quiere estar...



El que solo se quiere estar, sin arrimo de maestro y guía, será como el árbol que está solo y sin dueño en el campo, que, por más fruta que tenga, los viadores se la cogerán y no llegará a sazón.


San Juan de la Cruz



Cuando no tienen el amor de Dios en ustedes, son muy pobres. Son como un árbol sin flores y sin frutos.


Santo Cura de Ars