“Me gozo en las obras de tus manos”

Salmo 91, 5.

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miércoles, 1 de febrero de 2023

“CANTO DE ESPERANZA” – Rubén Darío

 


Un gran vuelo de cuervos mancha el azul celeste.

Un soplo milenario trae amagos de peste.

Se asesinan los hombres en el extremo Este.

¿Ha nacido el apocalíptico Anticristo?

Se han sabido presagios y prodigios se han visto

y parece inminente el retorno de Cristo.

La tierra está preñada de dolor tan profundo

que el soñador, imperial meditabundo,

sufre con las angustias del corazón del mundo.

Verdugos de ideales afligieron la tierra,

en un pozo de sombra la humanidad se encierra

con los rudos molosos del odio y de la guerra.

¡Oh, Señor Jesucristo! ¡Por qué tardas, qué esperas

para tender tu mano de luz sobre las fieras

y hacer brillar al sol tus divinas banderas!

Surge de pronto y vierte la esencia de la vida

sobre tanta alma loca, triste o empedernida,

que amante de tinieblas tu dulce aurora olvida.

Ven, Señor, para hacer la gloria de Ti mismo;

ven con temblor de estrellas y horror de cataclismo,

ven a traer amor y paz sobre el abismo.

Y tu caballo blanco, que miró el visionario,

pase. Y suene el divino clarín extraordinario.

Mi corazón será brasa de tu incensario.


sábado, 12 de diciembre de 2015

Via Matris



Via Matris
(La Santísima Virgen vuelve desde el Sepulcro a su casa, Via Crucis Desandado)
por L.C. Flores Mateos, S.J.

viernes, 3 de abril de 2015

JESÚS SE ABRAZA CON LA CRUZ




Acércate, Bienamada,
la de los brazos abiertos.
A ti corro enamorado
con un ciclón de deseos.
Tengo sed de tu regazo
para morir en silencio.
Amada, la presentida
desde los montes eternos,
la elegida por el Padre
para el Varón Unigénito,
eres morena de sol
y tienes olor a cedro;
yo pondré sobre tus hombros
el lino en flor de mi cuerpo
y un rojo manto prendido
con cinco rosas de fuego:
¡divino traje de bodas
en el abrazo supremo!
Ven a mis brazos, Amada,
la de los brazos abiertos.
Bajo la noche del odio
iremos por el sendero
relampagueante de gritos
y enraizado de tropiezos:
¡que el amor siempre camina
por sendas de sufrimiento!
Cuando estemos en la cumbre
unidos los dos y quietos,
en holocausto humeante,
transverberados de fuego,
una nueva epifanía
alumbrará tierra y cielo.
Serás llamada Señora
y Madre de muchos pueblos.
Vendrán a ti con sus dones
los reyes del mundo entero.
Con tus brazos extendidos
serás rosa de los vientos
que conduzca caminantes
a mi Corazón abierto.
Los que a Mí quieran venir
tendrán que amarte primero...

Salgamos ya, Bienamada,
la de los brazos abiertos.


Romancero de la Vía Dolorosa, 2a estación.
P. Benjamín Sánchez Espinoza


martes, 31 de marzo de 2015

SALUTACION DE CRISTO A LA CRUZ EN EL CALVARIO





“Ven, estandarte de inmortal memoria,
Que has de triunfar del espantoso infierno,
Y, siempre digno de alabanza y gloria,
Fundarás en la Iglesia mi gobierno.
Y en el final juicio, con victoria
Universal y resplandor eterno,
Lucirás, y entre nobles compañías
De ilustres santos y en perpetuos días...

Árbol de vida y árbol de la ciencia
Del mismo bien, y palma victoriosa
De donde cogerá con más prudencia
Que Eva el fruto de amor, mi bella esposa,
Ven, que en ti mi suave providencia
Sombra le ha de hacer maravillosa,
Para que ya descanse, ya se aliente,
Hasta que a verme suba claramente.

Ven, ¡oh sagrada cruz! dame tus brazos,
Que yo te doy con caridad los míos,
Y te regalo con estrechos lazos,
Para mí fuertes, para el hombre píos;
Y si a tu amor no bastan mis abrazos,
Yo te prometo de mi sangre ríos,
Con que lavada y bella y dulce quedes,
Y rica al fin para ofrecer mercedes.

Ven, que en ti hallarán los pecadores
De infinita piedad la fuente abierta,
Y de gracia, dulzuras y favores
Los justos franca la dichosa puerta.
Salud el mundo, el cielo resplandores,
Su triunfo Dios, su vida el hombre cierta;
“Ven, cruz, y vamos”. Dijo, y recibióla
Con un beso de paz y levantóla.

De “La Cristiada”.

Fr. DIEGO DE HOJEDA (español, 1571-1665)

miércoles, 17 de diciembre de 2014

La espera




“Y la tierra no había sospechado que lo más importante que en ella había era la espera de los que esperaban. La tierra, aturdida por el vano y confuso ruido de sus guerras y de sus discordias, no había notado que una cosa importante se realizaba en su superficie; y esta cosa importante era el silencio de los que esperaban en la solemnidad profunda del deseo. La tierra no sabía estas cosas; y si volvieran a suceder hoy, tampoco las sabría”.


(E. Hello, Fisonomía de Santos: Simeón y Ana la Profetisa).

miércoles, 26 de febrero de 2014

Tesoro



"La alegría del corazón, ésta es la vida del hombre y un tesoro inexhausto de santidad" (Ecli. 30,23) 

jueves, 12 de diciembre de 2013

Lo verdadaremante real





"Ama a tu Dios, ámale sólo a Él
y tu corazón nunca estará solo.
En Él, Grande y Único, están
toda la fuerza, la majestad, la dulzura.
Es inútil que el alma se esfuerce por unirse
a otro ser de nuestro mundo;
inútil que un corazón se quiera hermanar con otro
porque, allá en lo más íntimo, estamos siempre a solas.
Hay una barrera invisible
que impide unirse
a las almas gemelas.
Tú, en esta vida, ama a tu Dios
o vive solo para siempre."


Aubrey de Vere (1814 - 1902) discípulo de J.H. Newman en Oxford, converso en 1851.

Visto aquí

jueves, 28 de marzo de 2013

SONETO A CRISTO CRUCIFICADO




No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

Anónimo




viernes, 30 de marzo de 2012

CONFORMIDAD CON LA VOLUNTAD DE DIOS


“Dios es menos glorificado por nuestras obras que por nuestra resignación a su voluntad santísima. Por esto decía San Francisco de Sales que más se sirve a Dios padeciendo que obrando”.



San Alfonso María de Ligorio, “Conformidad con la voluntad de Dios”

martes, 5 de abril de 2011

DELANTE DE LA CRUZ



Delante de la cruz, los ojos míos



quédenseme, Señor, así mirando,



y sin ellos quererlo, estén llorando,



porque pecaron mucho y están fríos.





Y estos labios que dicen mis desvíos,



quédenseme, Señor, así cantando,



y sin ellos quererlo estén rezando,



porque pecaron mucho y son impíos.





Y así con la mirada en Vos prendida,



y así con la palabra prisionera,



como la carne a vuestra Cruz asida



quédeseme, Señor, el alma entera;





Y así clavada en vuestra Cruz mi vida,



Señor, así, cuando queráis me muera.





Rafael Sánchez Mazas



sábado, 2 de octubre de 2010

EL RECHAZADO


EL RECHAZADO

No saben los hombres de qué forma los he amado,
por eso me dan la espalda como a un rechazado.

Por amor dejé clavaran mis brazos a la cruz,
mis brazos que abarcan al mundo para darle luz.

Mi sangre vertí para limpiarlos de pecados,
para pagar vuestras culpas me he desangrado.

Por amor a los hombres enseñé el camino,
para vencer a la muerte, dueña del destino.

No saben los hombres de qué forma los he amado,
mi corazón les he dado hasta ser perforado.

Los insultos y el odio llagaron mis oídos,
la indiferencia me dejó cruelmente caído.

Nadie piensa en mí, soy para ellos olvido,
el recuerdo de que el mal con dolor es rendido.

Hablan de amor y paz, se llenan de palabras,
para perderse mejor desoyen mi Palabra.

No saben los hombres de qué forma los he amado,
por ellos siendo un Dios me he anonadado.

Manso y humilde los espero en la Eucaristía,
por amor quiero unirme para darles mi vida.

Pero pocos se acercan a recibir mi amor,
perdidos en el mundo de la sucia pasión.

Muchos que dicen creer en mí me menosprecian,
tratándome con desdén y con irreverencia.

No saben los hombres de qué forma los he amado,
a mi Madre Santa por amor les he dejado.

Pero ni a Ella respetan del odio que tienen,
a todo lo que es santo o que del cielo viene.

Les envié con mi Padre al Espíritu Santo,
pero ustedes no escuchan consejos, ¡saben tanto!

Viví en la pobreza para darles ejemplo,
mas buscan avarientos riquezas todo el tiempo.

No saben los hombres de qué forma los he amado,
y por no saberlo hoy están desesperados.

Les molesta mi imagen en el crucifijo,
quizá porque les recuerdo que Yo soy el Hijo.

El Hijo de un Padre que resiste a los soberbios,
y que ama a los humildes, pobres y pequeños.

Saben está en Mí el Camino, la Verdad y el Bien,
mas el que ama las tinieblas se resiste a ver.

No saben los hombres de qué forma los he amado,
ni que es invencible el Amor de un Rechazado.


F.M.

viernes, 26 de marzo de 2010

VIA CRUCIS




Primera Estación

Jesús sentenciado a muerte.
No bastan sudor, desvelo,
cáliz, corona, flagelo,
todo un pueblo a escarnecerte.
Condenan tu cuerpo inerte,
manso Jesús de mi olvido,
a que, abierto y exprimido,
derrame toda su esencia.
Y a tan cobarde sentencia
prestas en silencio oído.
Y soy yo mismo quien dicto
esa sentencia villana.
De mis propios labios mana
ese negro veredicto.
Yo me declaro convicto.
Yo te negué con Simón.
Te vendí y te hice traición,
con Pilatos y con Judas.

Y aún mis culpas desanudas
y me brindas el perdón.


Segunda Estación

Jerusalén arde en fiestas.
Qué tremenda diversión
ver al Justo de Sión
cargar con la cruz a cuestas.
Sus espaldas curva, prestas
a tan sobrehumano exceso,
y, olvidándose del peso
que sobre su hombro gravita,
con caridad infinita
imprime en la cruz un beso.
Tú el suplicio y yo el regalo.
Yo la gloria y Tú la afrenta
abrazado a la violenta
carga de una cruz de palo.
Y así, sin un intervalo,
sin una pausa siquiera,
tal vivo mi vida entera
que por mí te has alistado
voluntario abanderado
de esa maciza bandera.


Tercera Estación

A tan bárbara congoja
y pesadumbre declinas,
y tus rodillas divinas
se hincan en la tierra roja.
Y no hay nadie que te acoja.
En vano un auxilio imploras.
Vibra en ráfagas sonoras
el látigo del blasfemo.
Y en un esfuerzo supremo
lentamente te incorporas.
Como el cordero que viera
Juan, el dulce evangelista,
así estás ante mi vista
tendido con tu bandera.
Tu mansedumbre a una fiera
venciera y humillaría.
Ya el Cordero se ofrecía
por el mundo y sus pecados.
Con mis pies atropellados
como a un estorbo le hería.

Cuarta Estación

Se ha abierto paso en las filas
una doliente Mujer.
Tu Madre te quiere ver
retratado en sus pupilas.
Lento, tu mirar destilas
y le hablas y la consuelas.
¡Cómo se rasgan las telas
de ese doble corazón!
¡Quién medirá la pasión
de esas dos almas gemelas!
¿Cuándo en el mundo se ha visto
tal escena de agonía?
Cristo llora por María.
María llora por Cristo.
¿Y yo, firme, lo resisto?
¿Mi alma ha de quedar ajena?
Nazareno, Nazarena,
dadme siquiera una poca
de esa doble pena loca,
que quiero penar mi pena.


Quinta Estación

Ya no es posible que siga
Jesús el arduo sendero.
Le rinde el plúmbeo madero.
Le acongoja la fatiga.
Mas la muchedumbre obliga
a que prosiga el cortejo.
Dure hasta el fin del festejo.
Y la muerte se detiene
ante Simón de Cirene,
que acude tardo y perplejo.
Pudiendo, Jesús, morir,
¿por qué apoyo solicitas?
Sin duda es que necesitas
vivir aún para sufrir.
Yo también quise vivir,
vivir siempre, vivir fuerte.
Y grité: -Aléjate, muerte.
Ven Tú, Jesús cireneo.
Ayúdame, que en ti creo
y aún es tiempo de ofenderte.


Sexta Estación

Fluye sangre de tus sienes
hasta cegarte los ojos.
Cubierto de hilillos rojos
el morado rostro tienes.
Y al contemplar cómo vienes,
una mujer se atraviesa,
te enjuga el rostro y te besa.
La llamaban la Verónica.
Y exacta tu faz agónica
en el lienzo queda impresa.
Si a imagen y semejanza
tuya, Señor, nos hiciste,
¡de tu imagen me reviste
firme a olvido y a mudanza.
Será mayor mi confianza
si en mi alma dejas la huella
de tu boca que nos sella
blancas promesas de paz,
de tu dolorida faz,
de tu mirada de estrella.


Séptima Estación

Largo es el camino y lento,
y el Cireneo se rinde.
Él se ha trazado una linde
en su oscuro pensamiento.
Mientras disputa violento,
deja que la cruz se hunda
total, maciza, profunda,
sobre aquel único hombro.
Y como un humano escombro
cae Jesús, por vez segunda.
¿Otra vez, Señor, en tierra,
abrazado a tu estandarte?
Ese insistente postrarte
¿qué oculto sentido encierra?
Mas ya te entiendo. En la guerra
por ti luchando, transido
caeré en tierra y malherido,
¿y no he de alzarme ya más?
Yo sé que Tú me darás
la mano, si te la pido.


Octava Estación

Qué vivo dolor aflige
a estas mujeres piadosas,
madres, hermanas, esposas,
sin culpa del crucifige.
Jesús a ellas se dirige.
Sus palabras, oídlas bien.
-Hijas de Jerusalén.
Llorad vuestro llanto, sí,
por vosotras, no por mí.
Por vuestros hijos también
Por nosotros mismos, cierto.
Pero ¿quién por ti no llora?
Haz que llore hora tras hora
por mi tibio y por ti yerto.
Riégame este estéril huerto.
Quiébrame esta torva frente.
Ábreme una vena ardiente
de dulce y amargo llanto,
y espanta de mí este espanto
de hallar cegada mi fuente.


Novena Estación

Ya caíste una, dos veces
la rota túnica pisas
y aún entre mofas y risas
tendido a mis pies te ofreces.
Yo no sé a quién me pareces,
a quién me aludes así.
No sé qué haces junto a mí,
derribado con tu leño.
Yo no sé si ha sido un sueño
O si es verdad que te vi.
Y yo caigo una, dos, tres,
y otra vez más, y otra, y tantas.
Siempre tus espaldas santas
me sirvieron de pavés.
Ahora siento bien cuál es
la razón de tus caídas.
Sí. Porque nuestras vencidas
almas no te tengan miedo
caes, oh humilde remedo,
y a abrazarte las convidas.


Décima Estación

Ya desnudan al que viste
a las rosas y a los lirios.
Martirio entre los martirios
y entre las tristezas triste.
Qué sonrojo te reviste,
cómo tu rostro demudas
ante aquellas manos crudas
que te arrancan los vestidos
de sangre y sudor teñidos
sobre tus carnes desnudas.
Bella lección de pudores
la que en este trance dictas,
tus candideces invictas
coloridas de rubores
Tú, que has teñido las flores
de tintas tan sonrosadas,
que en las castas alboradas
las nubes vistes de oro,
ay, devuélveme el tesoro
de mis flores marchitadas.

Undécima Estación

Por fin en la cruz te acuestas.
Te abren una y otra mano,
y un pie y otro soberano,
y a todo, manso, te prestas.
Luego entre Dimas y Gestas,
desencajado por crueles
distensiones de cordeles,
te clavan crucificado
y te punzan el costado
y te refrescan las hieles.
Y que esto llegue es preciso
y así todo se consuma,
y, a la carga que te abruma,
el cuello inclinas sumiso.
-Conmigo en el paraíso
serás hoy- al buen ladrón
prometes. Tierna lección
la de tus palabras ciertas.
Toma mis manos abiertas.
Tomas mis pies: tuyos son.


Duodécima Estación

Al pie de la cruz María
llora con la Magdalena,
y aquel a quien en la Cena
Sobre todos prefería.
Ya palmo a palmo se enfría
el dócil torso entreabierto.
Ya pende el cadáver yerto
como de la rama el fruto.
Cúbrete, cielo, de luto
porque ya la Vida ha muerto.
Profundo misterio. El Hijo
del Hombre, el que era la Luz
y la Vida muere en cruz,
en una cruz crucifijo.
Ya desde ahora te elijo
mi modelo en el estrecho
tránsito. Baja a mi lecho
el día que yo me muera,
y que mis manos de cera
te estrechen sobre mi pecho.


Penúltima Estación

He aquí helados, cristalinos
sobre el virginal regazo,
muertos ya para el abrazo,
aquellos miembros divinos.
Huyeron los asesinos.
Qué soledad sin colores.
Oh, Madre mía, no llores.
Cómo lloraba María.
La llaman desde aquel día
la Virgen de los Dolores.
¿Quién fue el escultor que pudo
dar morbidez al marfil?
¿Quién apuró su buril
en el prodigio desnudo?
Yo, Madre mía, fui el rudo
artífice, fui el profano
que modelé con mi mano
ese triunfo de la muerte
sobre el cual tu piedad vierte
cálidas perlas en vano.


Última Estación


Fue José el primer varón
que a Jesús tomó en sus brazos,
y otro José en tiernos lazos
le estrecha de compasión.
Con grave, infinita unción
el sagrado cuerpo baja
y en un lienzo le amortaja.
Luego le da sepultura
y una piedra en la abertura
de la roca viva encaja.
Como póstuma jornada
de tu vía de amargura,
admiro en la sepultura
tu heroica carne sellada.
Señor, ya no queda nada
por hacer. Señor, permite
que humildemente te imite,
que contigo viva y muera,
y en luz no perecedera,
que como Tú resucite.


 Gerardo Diego