“Me gozo en las obras de tus manos”

Salmo 91, 5.

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miércoles, 22 de julio de 2015

RESIGNACIÓN





¡Bendito seas, Señor,
por tu infinita bondad;
porque pones con amor
sobre espinas de dolor
rosas de conformidad!.

¡Qué triste es mi caminar!...
Llevo en el pecho escondido
un gemido de pesar,
y en mis labios un cantar
para esconder mi gemido.

Tú sólo, Dios y Señor,
Tú, que por amor me hieres;
Tú, que con inmenso amor,
pruebas con mayor dolor
a las almas que más quieres,

Tú sólo lo has de saber;
que sólo quiero contar
mi secreto padecer
a quien lo ha de comprender
y lo puede consolar.

 ¡Bendito seas, Señor,
por tu infinita bondad,
porque pones con amor,
sobre espinas de dolor,
rosas de conformidad!...

martes, 7 de abril de 2015

BALADA DE LAS DUDAS DEL LEGO






Era ya la tarde y estaban las nubes
perfiladas de rayos de sol,
cuando iba el buen lego, con su cantarillo,
por la veredica bendiciendo a Dios.

El misterio grave de la hora dorada,
lleno de agrio aroma de prados en flor,
se le entró en el alma, llenándola toda
con su turbación.

Se sintió pequeño, como aquel polvillo
donde iba posando su planta. . . Y pensó:
“¿Qué haré yo, granito de polvo en el mundo,
por ser grato a los ojos de Dios?”

Fray Andrés disciplina su cuerpo
sin tenerle piedad. Fray Zenón
atruena el convento cantando maitines
con hermosa voz.

Fray Tomás se pasa las horas inmóvil,
levantado en arrobos de amor,
y ni advierte las tres campanadas
con que la campana llama a colación. ..

Al lado de aquellos excelsos varones,
¿qué hará el buen leguito por ser grato a Dios?
Y con santa envidia murmuran sus labios:
“¡ Fray Andrés! ¡ Fray Tomás! ¡Fray Zenón!”

Y sus ojos, buscando respuesta
para aquellas dudas de su corazón,
se hunden en la tarde que muere,
sangrando los últimos rayos bermejos del sol.

Todo es paz y orden. Unos tordos vuelan
con pausados giros. Camina un pastor.
Gime una carreta. Corre un arroyuelo.

¡Todo deletrea como una oración!
¡La oración de las cosas sencillas
que obedecen humildes a Dios!

Y el buen lego descifra en su alma
la revelación
del arroyo, los prados, las flores,
las nubes, las hojas, las aves y el sol...

¡Todo cumple su fin mansamente!
¡Todo sigue un mandato de amor!
¡El llano lo mismo que el pico empinado,
que no está por eso más cerca de Dios!

Y el buen frailecito siente que en el alma
se le ha entrado un rayo, muy claro, de sol.

De pronto, recuerda que es tarde y ya es hora
de limpiar los platos de la colación.

Y apretando el paso, con simple alegría,
corre que te corre. .. ¿Qué más oración
que el ir mansamente por la veredica,
con el cantarillo, bendiciendo a Dios?


José María Pemán


miércoles, 9 de junio de 2010

CONSEJO Y DESPEDIDA


CONSEJO Y DESPEDIDA
que le da San Ignacio a San Francisco Javier antes de partir para las Indias. Incluido en El Divino Impaciente, poema dramático en verso.


JAVIER
(Arrodillándose ante el P. Ignacio)
Sólo quiero
que me déis, por despedida,
la bendición y el consejo.

P. IGNACIO
Yo te bendigo, Javier:
que Dios bendiga tus hechos.
(Pausa. Alza los ojos un instante al cielo)
A grandes empresas vas
y no hay peligro más cierto
que este de que, arrebatado
por el afán del suceso,
se te derrame por fuera
lo que debes guardar dentro.
La vida interior importa
más que los actos externos;
no hay obra que valga nada
si no es del amor reflejo.
La rosa quiere cogollo
donde se agarren sus pétalos.
Pídele a Dios cada día
oprobios y menosprecios,
que a la gloria, aun siendo gloria
por Cristo, le tengo miedo.
No te acuestes una noche
sin tener algún momento
meditación de la muerte
y el juicio, que a lo que entiendo,
dormir sobre la esperanza
de estos hondos pensamientos
importa más que tener
por almohada, piedra o leño.
Cada mañana tendrás
con la Señora, algún tierno
coloquio, donde le digas
esos dolores secretos
que a la Madre se le dicen
de modo más desenvuelto
que no al Padre, que por ser
el Padre, da más respeto.
Mézclame, de vez en cuando,
en el trabajo requiebros
y jaculatorias breves,
que lo perfuman de incienso.
Ni el rezo estorba al trabajo,
ni el trabajo estorba al rezo.
Trenzando juncos y mimbres
se pueden labrar, a un tiempo,
para la tierra un cestillo
y un rosario para el cielo.
Escríbeme, por menudo,
tus andanzas y sucesos:
ni los agrandes por vano,
ni los calles por modesto;
que de Dios serán las glorias
y tuyos solos los yerros
(Con honda emoción, poniendo
sus manos sobre la cabeza de Javier.)
Piensa que ya en esta vida
no volveremos a vernos.
Te emplazo para la gloria,
que para los dos la espero,
por la bondad del Señor,
que no por méritos nuestros.
Mientras tanto, Javier mío,
porque no nos separemos,
llévame en tu corazón,
que en mi corazón te llevo.

José María Pemán

domingo, 6 de diciembre de 2009

EL QUE NO SABE MORIR



EL QUE NO SABE MORIR

El que no sabe morir mientras vive,
es vano loco:
morir cada hora su poco
es el modo de vivir.

Vivir es apercibir el alma,
para tener la vida muerta al placer
y muerta al mundo, de suerte,
que, cuando llegue la muerte
le quede poco que hacer.

Igual que el sol hay que ser
que, con su llama encendida,
va, acabando y renaciendo
de tantas muertes, tejiendo
la corona de su vida.

Por eso busco el sufrir,
para, como el sol decir
que de la muerte recibo
nueva vida y que si vivo,
vivo de tanto morir.

José María Pemán