“Me gozo en las obras de tus manos”

Salmo 91, 5.

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miércoles, 30 de diciembre de 2009

Lluvia de lunes por la mañana

Cuánta lluvia no querida
alberga este cuerpo vencido,
naufragio al fin asumido
en la savia de mi vida.

La lluvia que hoy aletarga
de enfermos postergados
sin amores y postrados
esperanzas fatigadas.

No hay dolor imperturbable
como la lluvia que anega
lo que hay que aprender revela,

en humilde reciedumbre,
sobre toda incertidumbre
recuerda que Dios ordena.

F. M.

Primera lluvia de otoño



Cae una lluvia tan fina
que no parece que llueve...
Más bien es como el recuerdo
de otra lluvia, que florece
en la memoria de todos
callada y súbitamente.
Más bien es como el ensueño
del cielo, que se desteje
sobre los árboles quietos
del paisaje transparente.
Más bien es como una pena
que desde las nubes vierte
su mojada melodía
para que en el mundo sueñen.

Cae una lluvia tan fina
que no parece que llueve...
Seguramente hay enfermos
que la escuchan tristemente
como si cayera dentro
de sus pobres pechos débiles,
ensombreciendo en crepúsculo
el paisaje transparente,
apurando el paso grave,
misterioso de la muerte.
Hay, seguramente, madres
que al oír llover padecen
y enfermos que entre la lluvia
ven cómo crece la muerte...

Cae una lluvia tan fina
que no parece que llueve...


Francisco López Merino


La lluvia, allá afuera



Oh poeta, que le cantas a la lluvia
estando a bien cubierto,
tus palabras parecen calumnia
pues no saben valorar el gesto
sino en la comodidad sin flor
y sin espinas
de quien no sabe vivir enhiesto;
tú que escuchas la desperezada insistencia
de la lluvia allá afuera,
en la contrariedad que es el amor
de Dios que te ha dado el verbo,
no comprendes a la tierra sedienta
pues tu sed es sólo la punzada
de una confortable siesta;
y es la imagen dadivosa de la lluvia
la que cae del cielo para alzar tu pena
con tu confiada plegaria
si quisieras tenerla.
No sabes tú, poeta, penar como es debido
pues caes en el olvido
o en los recuerdos te anegas;
oh poeta, que le cantas a la lluvia
tristemente y sin la puerta abierta;
comprende de una vez que es Dios
el supremo e infalible Poeta.


F. M.