“Me gozo en las obras de tus manos”

Salmo 91, 5.

sábado, 12 de diciembre de 2015





“Y sembrar semillas siempre se puede, aunque no sea más que sembrar verdades. Claro que cuando hay sequía, eso importa sacrificio, a veces se siembra con una especie de terquedad, con una especie de desesperación, se siembra con amargura, llorando, como dice la Biblia; se tiene la impresión de estar malgastando las semillas, las fuerzas y la vid. Pero es la ley de la vida, no la tenemos más que para gastarla. Como les dije en la otra conferencia, todos los caminos de esta vida, por más vueltas que den, confluyen invisiblemente hacia una palabra terrible, pero ungida con las promesas divinas, que es sacrificio. Y el sacrificio es no solamente posible sino hasta gozoso cuando está inspirado por un verdadero Amor.”

Padre Castellani. Recetas y problemas, “San Agustín y Nosotros”.

Via Matris



Via Matris
(La Santísima Virgen vuelve desde el Sepulcro a su casa, Via Crucis Desandado)
por L.C. Flores Mateos, S.J.


Dedicatoria a María
Déjanos seguir contigo
desde el sepulcro al cenáculo
el camino doloroso
de tu soledad y llanto.
Desahoga, Madre nuestra
tu corazón angustiado
rosa de siete puñales
por nuestros siete pecados.
Repite el diálogo interno
con tu hijo bienamado,
muerto a los ojos del mundo
y, para ti, descansando.
De tu voz aprenderemos
la fe, la esperanza, el cántico
triunfal de amor renacido
tras las tinieblas del sábado.

El alba




A las cuatro de la mañana
la noche entraba en agonía.
Fue una agonía decorosa,
sin lamentos ni despedidas.

Por la gran alcoba del mundo
las sombras iban y venían,
con ese aire sin esperanza
que dan las cosas presentidas.
Afuera estaban las estrellas
-como quien dice las vecinas-
dando señales del desvelo
en sus pupilas amarillas
y el viento, errando como un perro
por la ciudad descomedida,
acentuaba la moribunda
desolación de las esquinas.

De pronto, vimos que la noche
se quedaba inmóvil y fija
como si un frío le clavara
su cuchilla definitiva.
Y filtró la luz de la muerte
por las rendijas de la vida
mientras las sombras silenciosas
iban cayendo de rodillas.
De este modo murió la noche,
antes de que llegara el día.
Fue una muerte con señorío,
una muerte casi magnífica.

En la penumbra del cadáver
la lividez se repartía,
como una lenta inundación
de primavera y de neblina.
Eso fue todo. Una agonía
sin lamentos ni despedidas.
Sólo en el canto de los gallos
la tristeza se conocía.
Cuando las últimas estrellas
estaban casi consumidas,
vimos pasar la madrugada
como una vieja que va a misa.

JUAN OSCAR PONFERRADA


El bosque secreto



"El bosque es secreto no solamente en el sentido de que esconde, sino también en el sentido de que al esconder protege".


Ernst Jünger, “Los titanes venideros”.

En los bosques solitarios




“Y su mayor felicidad, durante el verano en el campo, era irse a los bosques solitarios”.


M.M. Philipon, O.P. , sobre Sor Isabel de la Trinidad.

La sencillez es todo




Son la amistad y grande compañía
que tengo regaladas cada día
las que me indican que hay en la vida
una sublime y bella perspectiva.

Hay horizontes que atraen la mirada
si busco con mis ojos en mi alma,
donde Cristo con su ardor me inflama
el corazón que le contempla y ama.

Él me dice: “La sencillez es todo”,
allí está la madurez del retoño.
Ser santo es conocer que uno es lodo
y no abatirse ni perder el modo.

La limpidez de la mirada simple
del pecado la tristeza percibe,
mas el odio no se vuelca en el triste
pues ama el alma que salvar persigue.

Si quieres ser sabio hazte pequeño
y no te inflames con un grave anhelo.
Cultiva este constante deseo:
que se haga lo que dice el Padrenuestro.

Mira bien el arrebol del ocaso,
es simple y no por repetido vano.
No busques del sol el brillo ufano:
deja que Dios te lleve de la mano.

Entonces sonreirás día tras día
aun cuando oscura aparezca la vida.
Tu alma simple escuchará complacida:
tendrás la mejor parte con María.


martes, 22 de septiembre de 2015

Nada te turbe





Nada te turbe,
Nada te espante,
Todo se pasa,
Dios no se muda.
La paciencia
Todo lo alcanza;
Quien a Dios tiene
Nada le falta:
Sólo Dios basta.

Eleva el pensamiento,
Al cielo sube,
Por nada te acongojes,
Nada te turbe.

A Jesucristo sigue
Con pecho grande,
Y, venga lo que venga,
Nada te espante.

¿Ves la gloria del mundo
Es gloria vana;
Nada tiene de estable,
Todo se pasa.

Aspira a lo celeste,
Que siempre dura;
Fiel y rico en promesas,
Dios no se muda.

Ámala cual merece
Bondad inmensa;
Pero no hay amor fino
Sin la paciencia.

Confianza y fe viva
Mantenga el alma,
Que quien cree y espera
Todo lo alcanza.

Del infierno acosado
Aunque se viere,
Burlará sus furores
Quien a Dios tiene.

Vénganle desamparos,
Cruces, desgracias;
Siendo Dios su tesoro,
Nada le falta.

Id, pues, bienes del mundo;
Id, dichas vanas;
Aunque todo lo pierda,
Sólo Dios basta.

Santa Teresa de Jesús

martes, 25 de agosto de 2015

ENVÍO





A ti, fiel camarada, que padeces
el cerco del olvido atormentado;
a ti que gimes sin oír al lado
aquella voz segura de otras veces:

te envío mi dolor. Si desfalleces
del acoso de todos, y cansado
 ves tu afán como un verso malogrado:
bebamos juntos en las mismas heces.

En tu propio solar, quedaste fuera,
del orbe de tus sueños hacen criba.
Pero, allí donde estés, cree y espera.

El cielo es limpio y en sus bordes liba
claros vinos del alba, primavera.
Pon arriba tus ojos, siempre arriba.

ANGEL MARÍA PASCUAL
 (Pamplona 1911 - 1947)


miércoles, 22 de julio de 2015

RESIGNACIÓN





¡Bendito seas, Señor,
por tu infinita bondad;
porque pones con amor
sobre espinas de dolor
rosas de conformidad!.

¡Qué triste es mi caminar!...
Llevo en el pecho escondido
un gemido de pesar,
y en mis labios un cantar
para esconder mi gemido.

Tú sólo, Dios y Señor,
Tú, que por amor me hieres;
Tú, que con inmenso amor,
pruebas con mayor dolor
a las almas que más quieres,

Tú sólo lo has de saber;
que sólo quiero contar
mi secreto padecer
a quien lo ha de comprender
y lo puede consolar.

 ¡Bendito seas, Señor,
por tu infinita bondad,
porque pones con amor,
sobre espinas de dolor,
rosas de conformidad!...

miércoles, 10 de junio de 2015

Dios dentro de sí




“El que de verdad ama a Dios, no tiene necesidad de buscar a Dios fuera de sí, porque dentro de sí le hallará siempre que le busque; porque fuera del común modo de estar en todas las criaturas por esencia, presencia y potencia, le tiene en sí como en su cielo, que cielo es y gloria del Esposo la ánima del varón justo.
Pues si tienes verdaderamente a solo Dios y a solo El miras y amas y a ti y a todas las cosas por El, nadie en el mundo te podrá ser impedimento…Y no basta pensar en Dios en este ejercicio, porque luego que ese pensamiento se acabare te hallarías solo y apartado de Dios, sino que es necesario tener a Dios (si así se puede decir), esenciado, fijo y entrañado en el corazón; quiero decir: hecho ánima del ánima y esencia de nuestra esencia.
El que de esta manera vive, siempre halla en sí una simple, amorosa y continua propensión a Dios”.


Fray Juan de los Ángeles – Conquista del Reino de Dios, Diál. X, pf. XIII.

El viaje – Ernest Hello




I

Con frecuencia se ha comparado la vida con un viaje; no por ser añeja, ha dejado la comparación de ser justa.
La ilusión del deseo siéntese viajando más que en cualesquiera otras ocasiones. Durante el viaje, el hombre que desea y reflexiona acerca de su deseo, cae, si quiere, en flagrante delito de ilusión.
Estando en París, no se quisiera, ni aun cuando fuese cosa po­sible, suprimir el camino y llegar sin viaje al término del viaje. Se quiere, como la paloma de la Fontaine, ver...
¿Ver, qué?
No sé nada de eso, ni vosotros tampoco.
Si una cosa existiera acá abajo que valiese de por sí la pena de ser buscada por sí misma, esa cosa dispensaría de buscar otras y pondría fin al viaje del hombre. Pero yo no conozco cosa semejante, ni vosotros tampoco.
Así, en París, el hombre que se dispone a partir acaricia la idea de su viaje y no quisiera haber llegado ya a su término. Durante el camino, espera ver.
En cuanto ha subido al ferrocarril, habitualmente, echa de me­nos la diligencia de antaño, la vista de los caballos, la voz del pos­tillón, etc.
Si el ferrocarril le abandona en mitad de su camino, y si ter­mina la ruta en un carruaje antiguo, piensa en las ventajas del ferrocarril. Encuentra muy lento el antiguo carruaje, y, por regla general, desea la posta siguiente. Mil veces he visto y cometido esta inocente bobería de desear la próxima aldea del camino, como si en la parada me aguardase la felicidad.
Después del relevo, como la felicidad no acude a la cita, se hace sentir el deseo de haber llegado al mismo término del viaje; y, cuando tal se ha conseguido, cuando se ha bajado definitivamente del carruaje, dibújase en el alma una impresión de tristeza.
Es que la esperanza, sea cual fuese, queda siempre burlada.
Queda burlada, aun cuando resulte excedida. Pues si se ve excedida en un sentido, por la brillantez exterior del espectáculo que se contempla, hállase engañada, en un sentido más importante, por la ausencia de la plenitud que se buscaba.
Las orillas del Rhin, las montañas de Suiza, pueden ser más bellas de lo que pensabas. Mas no pueden producir en ti lo que esperabas, si esperabas la plenitud y la satisfacción.
El hombre pasa la vida experimentando esos sentimientos y siempre ignorándolos.
Ningún viaje le muestra la realidad de las cosas. Y, sin embargo, cuando mira los esplendores de la naturaleza, tiene una mirada y una añoranza para la vivienda que ha abandonado, para la casa que es la del trabajo, para la casa donde, a menudo, en las horas de fatiga, deseó la partida; para la casa adonde con frecuencia, después de la partida, ha deseado el retorno. Y cuando vuelve, si no ha visto en su viaje más que las cosas visibles, no lo garantizo contra una impresión de tristeza. No será la que ha tenido, cuando ha llegado a tierra extranjera, será otra. No será más la del viaje, será la del retorno.
No salgo garante de que no le acometan deseos de partir nuevamente, a fin de ver otra cosa, ni de que, una vez que haya partido, no desee volver, a fin de encontrarse en su casa.

II

Sin ninguna duda, se engaña, pues siempre busca sin que jamás encuentre. Pero en el fondo de ese error, como en el fondo de todos los errores, habrá una verdad grande. Esta verdad es la doble necesidad que de la ley general resulta, la necesidad de satisfacer la alternativa universal, la necesidad de dilatarse y en seguida la de encentrarse; necesidad del flujo y del reflujo.

Deo gratias!