“Me gozo en las obras de tus manos”

Salmo 91, 5.

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miércoles, 26 de febrero de 2014

PINTORES RUSOS CONTEMPORÁNEOS


Alexei Adamov.

Alexei Adamov.

Bato Dugharzan.

Peter Bezrukov.

Peter Bezrukov.

Igor Medvedev.

Isaac Levitan.

Isaac Levitan.

Isaac Levitan.

I. Levitan.

I. Levitan.

I. Levitan.

Nadya Stupína.

Natalya Milashevich.

Nadya Stupina.

martes, 14 de agosto de 2012

COMO UN ARBOL

Como un árbol


Como un árbol, de fuerte y de sereno;
como un árbol, tan bueno,
tan útil quiero ser.

Como un árbol que el viento, si lo azota
dejando alguna de sus ramas rota,
humildemente vuelve a florecer…

Quiero ser como un árbol florecido
que en cada rama sostuviera un nido:
armonía y canción.

Y que al beso del sol de primavera
que el ritmo de las savias acelera
es todo un corazón.

Ser fuerte, más sensible, como el pino
que hace vibrar en su ramaje fino
toda la escala musical…

Y si en su tronco se abre alguna herida,
desangra el útil oro de su vida
en aromado líquido cristal.

Ser como el árbol familiar que ampara
la casa solariega y le depara
abrigo, sombra, fuego en el hogar.

Y que al mostrar su copa, a la distancia,
anticipa la íntima fragancia
del amable lugar.

Lograr erguirse como añoso roble
cuya altiva expresión de orgullo noble
no es orgullo, sino serenidad…

Y, al domeñar mi corazón de hombre,
ser un amor sin límite ni nombre,
una anónima suma de bondad.

Juan Burghi

viernes, 3 de diciembre de 2010

SONETO GRABADO EN EL TRONCO DE UN ARBOL



Aquel afán de ser, árbol amigo,
Que me dejó grabado en tu corteza
Fue tan grande y de tal naturaleza
Que mientras vivas viviré contigo;

Pues hasta cuando el tiempo, su enemigo,
Me haya borrado de tu fortaleza,
Y estén muertas la mano y la cabeza
Que me han dejado aquí, como testigo,

Aquel afán de vida que me inflama
Subirá con tu savia confundido
Y, en un último esfuerzo de su ardor,

Se asomará al temblor de cada rama,
Al sagrado calor de cada nido
Y al silencio feliz de cada flor.


FRANCISCO LUIS BERNÁRDEZ

jueves, 11 de febrero de 2010

LA ENCINA CAIDA


Donde estaba la sombra, allí, se expande
la encina muerta y ya no lucha, a tierra.
La gente dice: ¡cómo era de grande!

Cuelgan acá y acullá de su corona
todos los nidos de la primavera.
Dice la gente: ¡cómo era de buena!

Cada uno corta y alaba y en la nuca
Llevando un grave haz luego se va.
Queda en el aire...un llanto de curruca

que busca el nido que no encontrará.

Giovanni Pascoli

(Traducción de Leopoldo Di Leo)

EL FRESNO


Hoy del otoño de la vida mía
junto a la Riera del Cornet enteca
bajo un fresno gigante, me caía
la primera hoja seca.

Hoy ocho de septiembre, de María
fiesta natal, con fe ferviente, yo
vida nueva a la Virgen le pedía
cuando una hojita seca me cayó...

Miré del fresno de follaje claro
la rotunda admirable arquitectura
ese círculo amplísimo, y el raro
instinto de la esfera en su figura...

¿Cómo hizo a subir en línea recta
y supo cada rama abrir en dos
hasta hacer esta cúpula perfecta
y esta circunferencia para Dios?

No perfecta de humana simetría
mas de arte rudo y divinal certeza...
el hombre es quien creó la geometría
no es geométrica la naturaleza.

Perfecta no: su círculo es oblongo
y su esfera es ovoide y desigual
como un verso en que chirria un mal diptongo
o asonando, dos rimas están mal...

¿Cómo sabía cada hojita verde
hasta dónde crecer y allí pararse
para hacer, sin que nada no discuerde
un fresno fresno, y no una encina o arce?

(¿Cómo sabía cada hojita verde
-ésta es la estrofa mala-detenerse
para hacer, sin que nada no discuerde
un fresno, y no una encina o un alerce?)

El hombre hace un concepto, fija un modo
define un trozo de la realidad
el concepto está bien, pero no es todo:
será verdad, pero no es la Verdad.

Así yo, cien y mil veces mi vida
la considero y la reconsidero
lo que hicieron, lo que hice en la batida
y lo que dice de ella el vulgo huero.

Bajo el fraterno fresno, el cielo terso
y el sol, me henchía un judicial furor...
Me sentía de mí parcial y adverso:
presidente, abogado y delator.

Y bajo el peso de pasada pena
y peligro presente y litis tanta
la condenaba en la condena ajena
o bien la hacía demasiado santa;

y el dolor me rendía. Porque a veces
abrumado me rindo a la opinión
o el diablo urdiendo negros ajedreces
me enturbia malamente el corazón.

Fragilidad de la conciencia humana:
ni de nosotros lo sabemos todo
si nos condenan, tiembla y se amilana
y es porque siempre hay algo o mucho lodo.

Pero el fresno está allí. Por largos años
creció obediente a su inconsciente agel
no pasa el tiempo sin error o daños
y el fresno está torcido. Pero es él.

El tronco está dañado pero es tronco
-una hendidura en él cobija un nido-
quemó una rama entera un rayo bronco
hay todo un cuarto que creció torcido.

La cuarta rama estaba en sombra, que una
hermana fuerte le quitaba el sol
torcióse hacia la luz, y su fortuna
halló su puesto en amplio caracol.

No, no reniegues y haz como esa rama
oh llorón, que no sientes lo que dices
que sería acusar a Dios que te ama
renegar de tu tronco y tus raíces.

No rayo destructor ni nueva hechura
pidas hoy día a la celeste flor
pide en el hueco de tu herida dura
que haga su nido un nuevo ruiseñor.

De un árbol duro y nunca florecido
desde el cimborio de una rama hueca
hoy, otoño en Manresa, me ha caído
la primera hoja seca.

Otoño de mi vida. No habrá flores
ya. Ni da la vid flores. Pero ya
los racimos fatigan los alcores...
la vendimia de Dios no tardará.

Leonardo Castellani

sábado, 6 de febrero de 2010

SOBRE LOS FRESNOS


Sobre los fresnos reposados del invierno
un ave pasa
sin el acoso de su sombra
inclemente;
las hojas de este árbol
caen anunciadas
por el agónico dorado
que no miente;
y el silbo de un lejano tren
dibuja un horizonte
sobre mi muda empalizada
detrás de la cual
nunca más
he de verte.
El viento helado se llevó
los ojos que te había destinado,
y como un pájaro del aire
mi corazón
ha renunciado
a buscar el calor de un nido
entre tus ramas
displicentes.
Más allá de las nubes del verano
como he venido,
con alas de este tormento
me he alejado,
como caen las hojas del fresno,
sin hacer ruido.

F. M.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

El árbol



No he visto verso más perfecto
que este árbol claro, fino y recto:
el tronco yergue en un cimbreo blando
como una niña andando

sobre raíz que agarra el suelo cual
un ancla inteligente y desigual
para abrirse en la cúpula sombría
filtro armonioso al fiero mediodía

y hacer de flores blancas un alarde
sobre el regazo rojo de la tarde

y una gota de sangre en el bochinche:
en la copa hay un nido de churrinche.

De veras nunca verso vi perfecto
como este árbol aquí, sencillo y recto:

un verso lo hace un loco como yo;
un árbol sólo el Dios que nos creó.


Leonardo Castellani

Himno al árbol



Árbol hermano, que clavado
por garfios pardos en el suelo,
la clara frente has elevado
en una intensa sed de cielo:

hazme piadoso hacia la escoria
de cuyos limos me mantengo,
sin que se duerma la memoria
del país azul de donde vengo.

Árbol que anuncias al viandante
la suavidad de tu presencia
con tu amplia sombra refrescante
y con el nimbo de tu esencia:

haz que revele mi presencia,
en la pradera de la vida,
mi suave y cálida influencia
de criatura bendecida.

Árbol diez veces productor:
el de la poma sonrosada,
el del madero constructor,
el de la brisa perfumada,
el del follaje amparador;

el de las gomas suavizantes
y las resinas milagrosas,
pleno de brazos agobiantes
y de gargantas melodiosas:

hazme en el dar un opulento.
¡Para igualarte en lo fecundo,
el corazón y el pensamiento
se me hagan vastos como el mundo!

Y todas las actividades
no lleguen nunca a fatigarme:
¡las magnas prodigalidades
salgan de mí sin agotarme!

Árbol donde es tan sosegada
la pulsación del existir,
y ven mis fuerzas la agitada
fiebre del mundo consumir:

hazme sereno, hazme sereno,
de la viril serenidad
que dio a los mármoles helenos
su soplo de divinidad.

Árbol que no eres otra cosa
que dulce entraña de mujer,
pues cada rama mece airosa
en cada leve nido un ser:

dame un follaje vasto y denso,
tanto como han de precisar
los que en el bosque humano –inmenso-
rama no hallaron para hogar.

Árbol que dondequiera aliente
tu cuerpo lleno de vigor,
levantarás eternamente
el mismo gesto amparador

haz que a través de todo estado
-niñez, vejez, placer, dolor-
levante mi alma un invariado
y universal gesto de amor.


Gabriela Mistral

lunes, 28 de diciembre de 2009

EL OMBU



Flagrante tumulto de voces repetidas
emite ese refugio de verde dilatado,
sus ramas se entreveran con el viento y las vidas
de hombres que a la pampa entregan su recado.


Sin engreírse horada su raíz la tierra
y brinda al paisano del sol un haz de duelo;
sin despojarse a obedecer a Dios enseña:
para ir al cielo primero se ha de besar el suelo.


F. M.

LE DIGO A UN SAUCE

Sauce: en verdad te digo que me das compasión;
como si fuera un nido se te ve el corazón.
Tu pecho, verde claro, no puede guardar nada:
te penetra hasta el fondo la primera mirada.
Cuando desciende el sol, ¡oh sauce!, al iluminarte,
te atraviesa como un puñal de parte a parte;
Y a través de tus ramas, perezosas y bellas,
filtra toda la noche con su millón de estrellas.
Aprende, sauce, de ese ciprés fúnebre y mudo,
grave como un secreto y prieto como un nudo.

Baldomero Fernández Moreno

viernes, 11 de diciembre de 2009

ARBOL MONUMENTAL




Por elevarse a mayor altura que los demás vegetales y por la elegancia correcta de su aspecto, ha merecido la palmera el nombre de árbol monumental. Un bosquecillo de palmeras en cuyo remate cimbrean la palmas, ora apiñadas entre sí, ora caídas a manera de abanico, forma el más bello espectáculo de la naturaleza en las regiones Asiáticas donde se encuentra el origen de la civilización humana.

Celestino Barallat y Falguera – Principios de botánica funeraria

LA PALMERA




El más elevado símbolo de la renovación de la savia en el mundo vegetal se ha considerado ser siempre la Palmera, la cual entre los antiguos llevaba el nombre de Fénix.
La Fenicia, tierra de palmas, debe a ellas su designación histórica.
(...) La figura del hombre tremolando una palma en la mano presenta un excelente tipo pictórico de gallardía, y por este motivo y por la simbólica especial que se atribuye a la renovación interna de la palmera, ha sido esta considerada como representación propia y natural de la victoria y del triunfo. La palma del guerrero es la victoria sobre la resistencia material de los hombres; la palma del Santo es la victoria sobre el espíritu del mal y el triunfo de la vida y de la recompensa eterna.

Celestino Barallat y Falguera – Principios de botánica funeraria

LA PALMERA

























Al llegar la hora esperada
En que de amarla me muera,
Que dejen una palmera
Sobre mi tumba plantada.

Así, cuando todo calle,
En el olvido disuelto,
Recordará el tronco esbelto
La elegancia de su talle.

En la copa, que su alteza
Doble con melancolía,
Se abatirá la sombría
Dulzura de su cabeza.

Entregará con ternura
La flor, al viento sonoro,
El mismo reguero de oro
Que dejaba su hermosura.

Y sobre el páramo yerto,
Parecerá que su aroma
La planta florida toma
Para aliviar al desierto.

Y que con deleite blando,
Hasta el nómade versátil
Va en la dulzura del dátil
Sus dedos de ámbar besando.

Como un suspiro al pasar,
Palpitando entre las hojas,
Murmurará mis congojas
La brisa crepuscular.

Y mi recuerdo ha de ser,
En su angustia sin reposo,
El pájaro misterioso
Que vuelve al anochecer.

Leopoldo Lugones


domingo, 6 de diciembre de 2009

DEBAJO DE LOS ARBOLES

“Sin aquel amor de la soledad con que desde mi infancia me dotó el Señor, no sé qué hubiera sido de mí. Porque conviene tener presente que durante toda mi vida sólo me he encontrado a gusto y feliz, en la soledad, en los campos, al borde de las aguas o debajo de los árboles. No verme precisado a hablar y sí sólo a soñar o meditar delante de algún paisaje, esto ha constituido siempre mi mayor encanto. (...) ¡Ah! ¡Cuánta razón tenía San Bernardo al afirmar: “Algo más encontrarás en las selvas que en los libros!”. Y, como escribió sabiamente Poe: “Aquellos que sueñan de día conocen muchas cosas que escapan a los que sueñan sólo de noche”.

Adolfo Retté – Del diablo a Dios

EL CIPRES



EL CIPRES

Me haces levantar los ojos
esperanzados y en paz;
silencioso en el dormitorio
mi espíritu busca solaz.

A los muertos presentas erguido
el afán que nunca muere;
a los vivos su destino:
eso si en verdad lo vieren.

Como tú imperturbable,
no te arrojo mala fama,
más bien te veo elegante:
no representas la Nada.

F. M.

EL CIPRES


El Ciprés como árbol típico de los Cementerios

El Ciprés por la indicación clara y palmaria de su eje imprime en el ánimo las ideas de severidad y de reposo, y señalando el cielo con su punta sirve de guía a las miradas para elevarse a la región de la luz en contraposición a la oscuridad de las tumbas. Su forma cónica, exenta de ramas esbeltas y elegantes, es grave, sin caer en la pesadez de la pirámide. Su color por ser verde y por ser negruzco, no menos que por ser perenne es el que mejor se aviene con la simbólica del colorido a que dejamos hecha referencia. Merced a estas cualidades ha sido siempre el árbol típico de los sepulcros, y no hay pueblo en la historia entre los que han poseído el ciprés que no le haya reconocido este carácter esencialmente funerario.
(...) Además de la simbólica del colorido, de la forma y de la permanencia, hay que atender pues a la representación que los vegetales pueden traer a la mente por causa de sus exhalaciones aromáticas.
En este punto queda siempre algo más vago y más convencional que en las demás manifestaciones del simbolismo; sin embargo, no es difícil observar que se aviene perfectamente con la vecindad de los sepulcros la fragancia que se desprende de ciertas yerbas o bien del ramaje de algunos árboles, y que esta fragancia, al revés de lo que sucede con el olor de ciertas flores, no lleva consigo excitaciones especiales del olfato, ni expone en consecuencia a recuerdos de la vida social relacionados con la agitación y con la lucha.
Tomando por apoyo este principio se ha notado que el ciprés reúne a las demás cualidades un olor característico que armoniza con su destino fúnebre. Es suavísima la fragancia que se exhala del ciprés, y San Bernardo, siempre poético en sus conceptos, la comparaba en el mundo moral,
con la buena reputación del hombre contemplativo.

Celestino Barallat y Falguera – Principios de botánica funeraria,1885. Editorial Alta Fulla, Barcelona, 1984.

martes, 1 de diciembre de 2009

Los árboles


Los árboles son las imágenes del amor en toda su pureza. Sus ramas se entrecruzan en el cielo, mientras que sus cuerpos –sus troncos- permanecen alejados.

Guillermo Gueydan de Roussel – Aforismos, “El Verbo y el Anticristo”.