“Me gozo en las obras de tus manos”


Salmo 91, 5.

viernes, 30 de marzo de 2012

CONFORMIDAD CON LA VOLUNTAD DE DIOS


“Dios es menos glorificado por nuestras obras que por nuestra resignación a su voluntad santísima. Por esto decía San Francisco de Sales que más se sirve a Dios padeciendo que obrando”.



San Alfonso María de Ligorio, “Conformidad con la voluntad de Dios”

viernes, 24 de febrero de 2012

LA AMISTAD DE CRISTO


“El sentido común, al que se considera propio de la salud mental, jamás ha vuelto loco a un hombre. Sin embargo, el sentido común nunca ha movido montañas y mucho menos las ha arrojado al mar. Ha sido el gozo fascinante de la compañía consciente de Jesucristo lo que ha dado paso a los enamorados, a los gigantes de la historia. En su torpe visión, el mundo califica de anormal la amistad con Jesucristo y la pasión que despierta en quienes la viven, en tanto que la Iglesia la considera sobrenatural. ‘Este cura, exclamaba Santa Teresa en un momento de gran intimidad con su Señor, es la persona adecuada para ser uno de nuestros amigos’

 
Robert Hugh Benson, “La amistad de Cristo”

domingo, 8 de enero de 2012


“Dame personas enamoradas: ellas saben lo que yo entiendo. Dame los que anhelan; dame los que tienen hambre; dame a los que están caminando lejos, en el desierto, que tienen sed y suspiran por la fuente del país eterno. Dame este tipo de personas: son los que yo comprendo. Pero si hablo a personas frías, son incapaces de entenderme”.

San Agustín, Comentario al Evangelio de San Juan, 26, 4.

ELIGE EL BUEN CAMINO

viernes, 23 de diciembre de 2011

FELIZ NAVIDAD


Hoy resplandecerá la luz sobre nosotros; porque ha nacido para nosotros el Señor: y será llamado Admirable, Dios, Príncipe de la paz, Padre del siglo venidero: cuyo reino no tendrá fin.

(Introito, Misa de la “Aurora” de Navidad)

sábado, 19 de noviembre de 2011

DONDE REINA EL AMOR



“No hay sufrimiento donde reina el amor, pero si existe sufrimiento, el sufrimiento mismo se convierte en objeto de amor”.

San Agustín

miércoles, 3 de agosto de 2011

EL VALLE DE LOS CAIDOS

EL CUADRAGESIMO DIA


“…Entre mis papeles encuentro ahora un texto que debería haber tenido los honores de toda la prensa francesa. Nadie lo ha señalado; yo mismo no sabría decir en qué oscuro periódico semiclandestino fueron reproducidas esas líneas. Podrían sin embargo figurar, al lado del artículo 58, como una de las páginas maestras para la profunda comprensión del mundo contemporáneo.
Se las debemos a un compañero de cautiverio de Soljenitsyn. En 1944, ese hombre se enfermó en un campo del Archipiélago de una diarrea de pelagra, debida a la subalimentación. Sin médico ni medicinas, la muerte parecía inevitable. Y relata:
“Ni yo ni ninguno de mis compañeros sabía de casos de curación. Fui transportado a la barraca de los moribundos. Fríamente calculaba yo en mi mente el tiempo que me quedaba de vida. Pero ni mi alma ni mi mente aceptaban el veredicto final. En mi fuero interno estaba convencido de que Dios me salvaría la vida…”
“Había aprendido a orar en mi infancia. Pero, en la época de la que hablo, no tenía idea alguna de lo que era la meditación. La alcancé en el curso de mi lucha contra la enfermedad. Escogí el Padre Nuestro, la más grande de todas las oraciones, la que nos fue dada por el Salvador mismo. Me puse a reflexionar sobre cada palabra del texto. A pesar de la fatiga de mi espíritu, pude siquiera llegar a la conclusión de que esta oración contiene la totalidad de las más grandes ideas del Cristianismo.
“Transcurrieron quince días. Me daba cuenta de la duración y del término de mi enfermedad. El hambre dejó de atenazarme. Más de una vez daba a otros mi ración de “rata” (pésimo guisado de patatas o de judías), no reservándome sino el pan duro que yo me obligaba a tragar. No me daban ganas de fumar. Los días pasan. Yo oro. Mis fuerzas declinan. La enfermedad continúa. Veinte, veinticinco, treinta días transcurrieron. Se pusieron a mirarme como un caso excepcional. Treinta y cinco días, treinta y seis, treinta y siete días…Yo le rezo a Dios, como un cirio encendido para Su Gloria. El cuadragésimo día, me despierto con una sensación ‘de ser’ desconocida hasta entonces. La diarrea se ha detenido, recobro las fuerzas. Las lágrimas brotan de mis ojos, lágrimas de gozo, de exaltación, de reconocimiento. Dios ha hecho un milagro en favor de un pecador como yo. El me ha marcado. En adelante, soy un soldado de la Iglesia”.

(Cit. en “Los Media, religión dominante”, de Hugues Keraly, Editorial Tradición, México, 1978).

PRIMERA MISA EN BUENOS AIRES


Primera Misa en Buenos Aires.


PRIMERA MISA EN CHILE


Primera Misa en Chile.


PRIMERA MISA EN BRASIL


Primera Misa en el Brasil.


LA MISA DE SAN FELIPE NERI


San Felipe Neri durante la consagración.