“Me gozo en las obras de tus manos”

Salmo 91, 5.

lunes, 8 de febrero de 2010

ALMAFUERTE

VIDAS DE MUERTOS: ALMAFUERTE

“La mayoría de sus cronistas dicen que fue un cristiano primitivo. De ser así habría que renegar del primitivismo. Afirmar que Almafuerte era un cristiano es una verdadera infamia. Almafuerte no tuvo nunca el mínimum de religiosidad necesario para ser hombre. Fue un sentimental y por eso se le creyó religioso. Pudo ser lo primero, porque eso no cuesta nada; pero no pudo ser lo segundo, porque era un gato. Tuvo vida pero no supo aprovecharla; tuvo corazón y lo desperdició en alharacas en lugar de usarlo en corazonadas.
Se vistió de profeta para engañar a los hombres y fue el primer engañado. Desde el principio se juntó con gente de mal vivir y de mal pensar. En aquella vida aprendió la insolencia que le acompañó hasta la muerte y que les dejó después a sus discípulos.
Almafuerte tenía adentro la miserable confusión del mar y la prepotencia de las cosas monstruosamente inútiles. Su vida fue la de un pobre hombre con pretensiones de genio. Su muerte fue toda una posibilidad de descanso que Dios le daba.
(...) Almafuerte representó maravillosamente a su época. (Yo no tengo la culpa de que esta vulgaridad se aplique a todos los grandes malos poetas). Se hablaba entonces de las fuerzas de la naturaleza, de la savia fecunda y de la semilla de la idea, como siguen hablando, todavía, los dirigentes socialistas. Eran los días de los cuellos Mey y de las estrofas vibrantes, de los profetas que tomaban mate y de los poetas que creían en Cristo como un apóstol de la Democracia. Fue el poeta de la caridad proletaria y el maestro lleno de heroísmos patrióticos, aunque de puro protestador le gustaba pasar por anarquista.
Se creía parecido a Isaías, pero en vez de profeta resultaba un ventrílocuo.
(...) Murió en La Plata el 25 de febrero de 1917. Tal vez se haya salvado, porque a menudo a Dios le gusta emplearse a fondo.

Ignacio B. Anzoátegui